Los hombres sólo vemos
hacia atrás y de frente,
pero no sabemos el final.

Las mujeres buscan, ríen,
buscando hallar gracia
para las piernas de barro, al polvo.

El mundo despliega sus garras,
te dice que busques el dinero,
te promueve que seas exitoso,
te alienta a que experimentes el sexo,
te dice que escales socialmente,
te dice que no te contentes.

Los hombres nunca están satisfechos,
las mujeres quieren aspirar a más,
¿a más qué?, ¿a más vanidades?

Este siglo lucha peleas que son
humanamente justas,
pero todo es vanidad;
¿no entienden?
Serán polvo y dará lo mismo que hicieron,
el fruto de sus manos, polvo será;
el latir de sus corazones, acallado será.

Porque van y se dicen “justos”,
pero se olvidan de ser buenos samaritanos;
porque van y se dicen “cristianos”,
pero aún no han tenido la dicha de conocer de Jesús.

Jesús no vino aquí para perder almas,
no vino para hacer chismes, no vino para cobrar,
vino a salvar lo que se había perdido,
vino a levantar a los quebrantados,
vino no sólo por Israel, sino por todos nosotros.

Estarás como Innuendo, en la cuerda floja, una y otra vez,
cayendo mil y una vez, pero desde aquí te digo,
para cuando sea tiempo que florezcas,
abre tu corazón y deja que Jesús te guíe,
que su yugo es liviano, que él sí es amor.

No te preocupes por vanidades, no te preocupes por cosas pasajeras, porque Dios maneja todo.

A Dios, antes que a los hombres
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