Back-office es una expresión que suele referir a lo que sucede tras bambalinas cuando se brinda un servicio o un producto. El usuario ve el producto terminado, pero no el proceso que hay detrás de eso. En algunas charlas que he tenido en el Instituto Nacional, una joven profesora me consultó cómo era el proceso de creación literaria y… aunque algo respondí, siento que todavía queda tinta en el tintero.

Es algo complejo de explicar, cada uno tiene sus propios métodos y es probable que mi método pueda servirle a alguien para escribir o puede que le acomoden otras maneras. Ante todo, creo que lo más primordial es conocerse uno mismo primero y saber cultivar esa creatividad que tenemos, no perder la capacidad de sorprendernos y tener más o menos claro qué queremos decir antes de escribir algo.

Mi back office, ¿cómo me pongo a escribir?

La primera etapa es más bien reflexiva y nutritiva.

No necesariamente se enfoca en escribir algo, sino más bien en aprender cosas nuevas. Por ejemplo: escuchar música, grupos nuevos, leer otros libros, leer de otros autores, ver series de televisión, ver reportajes, ver fotografías, tener conversaciones interesantes, escribir cosas para mi blog. En resumen, hago mi vida y me nutro de eso.

Dependiendo del caso, también puede haber un proceso de investigación. Por ejemplo, para Bendita Elegancia que es una novela de amor en tiempos de micros amarillas hice varias cosas. Metí todas las conversaciones que tuve con micreros, hice consultas a varios de ellos sobre acontecimientos específicos o cosas de sus rutinas, pedí anécdotas y apodos que tenían por redes sociales, consulté cómo vivían los días de partido (como ocurre hoy), etc. Consulté a parejas que habían vivido cosas parecidas a los protagonistas para saber sus impresiones, cómo llevaron los procesos y qué rescataban de eso.

El bus Bendita Elegancia, creado y personalizado para la novela

Generalmente quienes escriben novelas investigan harto del tema que tratarán para poder crear historias verosímiles. Bendita Elegancia es mi primera novela con personajes totalmente ficticios. Fue todo un logro, durante años quise escribir novelas pero nunca me salía escribir cosas sobre terceras personas o crear personajes ficticios. Esta vez todo cuajó de forma muy bella, cuando la terminé me sentí crack jajajaja. Hay todo un trabajo detrás y harta gente colaboró con sus historias o anécdotas.

En mi caso, yo escribo de cosas cotidianas así que me identifico con los humoristas. Los humoristas van anotando cosas o chistes del diario vivir y lo reproducen en sus rutinas. Hay gente que tiene cuadernos o agendas donde van anotando ideas, yo también anoto pero generalmente mis creaciones no nacen así jajaja. En el transporte público ocurren muchas cosas graciosas: como voy sin audífonos ni celular, literalmente observo a toda la gente, leo diarios y conversaciones ajenas, me río con chistes de otros, y me la paso jugando.

La segunda etapa es hacerse la idea de ponerse a escribir algo.

Aquí hay de todo, hay personas que escriben sagradamente todos los días o escriben bajo ciertas condiciones (a tal hora, en tal lugar de su casa, etc), hay otras personas que se inspiran de forma espontánea y escriben algo, después no escriben nada en mucho tiempo, etc. Personalmente, creo que cada uno tiene que buscar la forma que más le acomode, es uno quien le tiene que sacar partido a sus capacidades y su creatividad.

En mi caso, yo de verdad escribo todos los días… pero escribo cosas de mis blogs, escribo de transportes, hago pautas de entrevistas, de repente saco reflexiones o hago informes técnicos por iniciativa propia, etc. Creo que el proceso más difícil que he hecho es la redacción del Manual de Líderes y Lideresas Sociales en Materia de Discapacidad, eso fue mi práctica en el SENADIS, hacer un libro desde cero.

Práctica profesional en SENADIS y mis compañeras de trabajo

Como era un documento muy denso, con mucho contenido que tenía que ser resumido a su mínima expresión con un tono formal pero comprensible, literalmente mi cabeza echaba humo a ratos. Humos no por frustración, sino que era un trabajo muy exigente en lo intelectual. Además, tenía que escribir y avanzar todos los días, tenía plazos y metas establecidas, tampoco conocía bien las materias y tuve que investigar a fondo todo. Para alguien que nunca escribió cosas largas, fue todo un desafío y salió bien, el trabajo quedó muy bien hecho y fue reconocido por lo mismo.

¿Por qué lo pongo aquí? Porque después de hacer eso, escribir Corte de Cinta y/o escribir novelas fue la papa. Ya tenía el training y la disciplina para escribir mucho. Ahora tenía que usar las mismas herramientas y capacidades para escribir cosas que me interesaran. Si quieres escribir cosas para ti, no es mucho drama inspirarse. Pero si quieres escribir un libro o hacer una obra mayor, creo que tienes que verlo como un desafío.

Un buen tip es mantener la cordura. ¿En qué sentido? Hay personas que sufren bloqueos y no les sale. Si no te sale, no hay que desesperarse, solo no escribas y hace otra cosa. No te fuerces a escribir, eso se nota. Para que salga bien tiene que fluir y para que fluya, tienes que fluir tú primero. Por supuesto, no podemos “fluir” todos los días… pero sí al menos pavimentar la cancha para que el camino no tenga tantos obstáculos.

(*) La definición de “fluir” en este caso tiene mucho que ver con el concepto de creatividad y modo de ver de Mihaly Csikszentmihalyi. Mihaly es un importante psicólogo que ha investigado estos temas. Lo ahondaremos más adelante.

La tercera etapa tiene que ver con definir enfoques y temáticas.

Ya, estamos dispuestos a escribir. Bien, ahora, ¿de qué voy a escribir?, ¿cómo voy a enfocar ese escrito?, ¿hay algo importante que quiera decir?, ¿qué tipo de público o lector voy a tener?, ¿qué sensaciones quiero dejar en el lector?, ¿hay algún momento o emoción que deba tener énfasis?, ¿qué obstáculos puedo tener para lograr lo que quiero en el lector y cómo los puedo sortear?

Yo me pregunto y me respondo todas esas cosas, solo que no lo hago de manera “tan” consciente. Por lo general, solo agarro un papel, me pongo a dar una estructura, un par de temas y emociones clave… con eso me guío, es como mi pauta de entrevistas o cómo alguien prepara una exposición. En el caso de reflexiones o escritos cortos, generalmente llego y escribo sin tanta pregunta. Pero para efecto de obras literarias, la mayoría de las veces sí ocurre este proceso de definiciones. En el caso de artículos de mi blog, a veces se mezclan ambas cosas (definiciones y escritos espontáneos).

Exponiendo en el 7°E del Instituto Nacional, foto tomada por mi profe Gloria Neculqueo

El uso del lenguaje también es importante. Es común que en mis escritos tenga aclaraciones para los modismos, pues como tengo seguidores de otros países, suelo hacer esas aclaraciones para que ellos tampoco pierdan la fluidez en la lectura. El vocabulario también se debe ir ajustando al lector que piensas que tendrás. Por lo general, tanto mis artículos de blogs como mis obras literarias se enfocan a todo público. Ahí pienso en cómo lo leerían mis abuelas, cómo lo leerían niños de 7° básico, cómo lo leería un adulto, cómo lo leería un micrero. Si me podrían entender o no.

Las palabras son herramientas que hiladas, nos sirven para llegar a los demás, comunicarnos y dejarles una explosión de emociones en sus entrañas. Pero para que sean bien recibidas, uno debe saber dirigirse al lector. Si no eres capaz de imaginar un lector posible, piensa en ti mismo. ¿Cómo te gustaría o cómo te dirías esa historia?

Leer en público y el escrito en sí mismos son una experiencia. Foto por Carlos Valdés.

Tal como en un bus uno recibe un servicio y una atención, la lectura es también una experiencia. Se me imagina que uno toma de la mano al lector, abre la puerta de su imaginación (o entra al living de las experiencias), el lector se sienta y va explorando lo que le propones. Uno tiene que facilitar las cosas para que el lector viva la experiencia del mejor modo posible. Por ejemplo, cuando un artista hace un concierto en vivo, él va viendo qué matiz quiere explotar, si va a ser un concierto acústico o con orquesta, o con una banda, a capella, con coreografías, etc. Acá es lo mismo, tú defines qué atmósfera quieres lograr o hacer.

Ahora, se puede pensar entonces que aparte de tomar enfoques y estructuras, temáticas, etc. En realidad, lo que estamos presenciando es un proceso de definición estratégica. Como en cierto célebre poema de Mario Benedetti, todo este apartado refiere a que uno debe definir conceptos, estrategias y tácticas. Más sencillo, el qué escribo y el cómo lo escribo.

La cuarta etapa es escribir.

La parte más difícil siempre va a ser empezar. El primer párrafo es el más complicado porque tienes que agarrar la atención del lector y uno mismo tiene que empezar a distribuir todas las cartas del mazo. Es común que no todos los escritos que uno hace lleguen a buen puerto o finalicen, varios quedarán inconclusos y otros no nos van a gustar. A veces uno está más o menos inspirado, a veces uno tiene interrupciones, etc.

Si bien solo tengo un libro (que tiene hartas cosas: cuentos, poesías y novelas, pero sigue siendo solo 1 libro), creo que el mejor consejo es que uno sea honesto consigo mismo y con el lector al momento de escribir. Hay diferentes estilos, cada uno usa el lenguaje como puede y quiere, cada uno quiere llegar a cosas distintas también. La discusión a veces está en si se debe cuidar más la estética (la forma) o el mensaje (el fondo). Yo adscribo a preocuparme del fondo más que de la estética, aunque igual trato de generar una obra bien cuidada en el primer aspecto.

La fotografía y la grabación / edición de videos también me ayuda en mis procesos creativos

Los procesos creativos de diferentes artes tienen cosas en común. La artes visuales como la fotografía, la grabación y edición de videos tienen como similitud que se componen, uno compone y distribuye distintos elementos para comunicar algo. Lo mismo aplica a la escritura. Si yo me hago todas esas preguntas antes, es justamente para ser ordenado a la hora de distribuir los elementos. Pero como dije antes, cada uno tiene sus métodos y pretensiones, hay personas que les gusta la escritura automática, la escritura espontánea y dependiendo del caso yo también he ocupado variantes de ellas.

Cuando un escrito va quedando bien, generalmente uno lo nota, a mí me gustan. Cuando veo que se enredan, se colapsan o cuesta continuarlos, los dejo tirados. No pierdo mis energías. La escritura como proceso creativo es desgastante. Uno tiene que leerse a sí mismo primero, saber qué quiere decir, escoger las palabras adecuadas y no solo eso. La literatura es como un tejido, tienes que hilar esas palabras de forma coherente, que ellas digan lo que quieres decir, que también quede claro lo que no estás diciendo y que ojalá eso se lea bonito.

Parque Nacional Huerquehue, lado de umbra y penumbra

En esta foto, aparte de ver un paisaje hermoso del Parque Nacional Huerquehue (si pueden ir, vayan), también anoté el concepto de “umbra” y “penumbra“. Se ve clarito. Una ladera de cerro tiene nieve porque recibe mucha sombra y conserva el frío (umbra), mientras que la ladera del otro cerro recibe sol y ya no tiene nieve (penumbra). Siempre en los cerros hay un lado con más vegetación que otro, eso también se puede dar por la dirección del viento y las masas de agua (barlovento y sotavento).

En la fotografía, en los escritos, en las artes puedes combinar estímulos que vienen de diferentes áreas, ciencias, culturas, etc. ¡No te limites! Abre tu cabeza, sácale el jugo a tus talentos y no tengas miedo de hacerlo. Ahora, la creatividad no es algo que se potencia de forma racional. Uno no anda por la vida diciéndole a su cabeza “creatividad, ven a mí, te invoco“… solo es, se da de forma natural y espontánea. Lo que sí uno puede hacer es no restringirla, resistir a aquéllas cosas que pueden atentar contra ella (y contra ti mismo). No transformarse en ese “ladrillo” que comenta Pink Floyd en Another Brick in the Wall (otro ladrillo en la pared), mantener cierta rebeldía.

La escritura si bien es desgastante, también puede generar estados de ánimo positivos dependiendo de cómo se haga. En mi caso, las novelas El último tren y La Quimera fueron escritas bajo un estado de flujo. El “flujo” es un concepto acuñado por Mihály Csíkszentmihályi y refiere a un estado en que la persona está inmersa absolutamente en la tarea, disfrutándola y conectada al máximo con todo lo que va sintiendo, además de una gran paz.

Haciendo una metáfora graciosa, es parecido a lo que debió sentir Po cuando enfrentó a su rival Lord Shen, o cómo se sentía Ash cuando peleaba junto a Greninja con forma especial. El estado de flujo es algo que se consigue cuando te gusta lo que estás haciendo, estás concentrado, sabes que eres bueno en eso y el tiempo se te pasa volaaaaaaaando. No digo que sea condición estrictamente necesaria para escribir bien, pero es menos desgastante cuando lo haces así. Es como los aviones que aprovechan las corrientes en chorro para alcanzar más velocidad y tener menos resistencia, así se siente, “vas para adelante” y todo fluye de forma rica.

La Quimera relata mi vida y mis viajes entre 2014 – 2017. Acá estoy en los tepuales del Parque Nacional Chiloé. Foto por Christian Araos.

En el caso de novelas largas como La Quimera (250 páginas en el libro), fue algo necesario. Mi modo de escribir fue medio kamikaze. Despertaba, desayunaba, abría el computador y como a las 11 de la mañana me ponía a escribir. Las únicas pausas eran las comidas, en el resto del día seguía escribiendo hasta las 3 – 5 de la madrugada. Mantener un ritmo de trabajo así es físicamente desgastante, aparte de que la novela trata temas personales y tiene momentos de muchas emociones, es fuerte. A veces mientras escribía lloraba a moco tendido, me reía a carcajadas, estaba sintiendo la novela y tenía que traducir todas esas emociones y pensamientos a palabras para que el lector sintiera lo mismo que yo (o me entendiera al menos). Literalmente me convertí en un Freddy Turbina (“y dicen que no duerme“), más que dormir, tenía una siesta matutina.

La experiencia del estado de flujo y la motivación de estar haciendo un trabajo hecho con mucho cariño, bien hecho, le ganaba al cansancio y me permitió mantener ese ritmo por todo el tiempo necesario. En total, La Quimera fue escrita en 1 semana y algo. La primera lectura completa todavía la recuerdo, en vez de páginas, contaba el largo de la novela en horas. Leerlo de corrido demora alrededor de 7 horas. Por eso al lector le dejé la indicación de que se tome pausas, que lo lea lento. Yo me conozco la historia, es mi vida y son mis emociones… pero él no, a ratos tiene hartos detalles entonces no quería que se los perdieran.

Para el resto de los cuentos, los escribía en horario normal y hasta a veces los dejaba un par de días, cosa de verlos con ojos fríos, hacer correcciones y seguir sobre la marcha. Cada escrito tiene una vida propia y requiere un proceso diferente. No siempre sirve la misma receta para todos, uno debe saber ser flexible.

En los talleres de lectura, me acompañan Katia Alarcón y el 1°K 2017

Para cerrar, pues es la etapa con descripción más larga. Cada uno de nosotros tiene sentimientos, pensamientos, emociones, ideas, libros o referencias que te inspiran, etc. Somos literalmente un mundo. Escribir en lo cotidiano es traducirse (transformar todo eso en palabras para decirlas) y comunicarse.

En una obra literaria, la escritura tiene que cumplir varios verbos: componer (distribuir elementos), traducir (transformar todo lo que queremos decir o que sentimos en palabras) y comunicar (llegar al receptor con un mensaje). Lo más complejo está en poder usar las palabras para poder decir todo lo que queremos decir, a veces uno tiene varios sentimientos o emociones cuando escribe pero eso no siempre se traspasa al papel o no se logra la atmósfera deseada. Hay una diferencia entre lo que sentimos nosotros al escribir y lo que leerá el lector, debemos tomar en cuenta eso para mantener una atmósfera.

La quinta etapa es leer, evaluar y corregir.

Si bien en la literatura formalmente hay varios géneros, me parece que los fanfiction aportan una combinación más rica de posibles clasificaciones. Yo no soy muy lector de Fanfics (mi hermana sí), pero algo fui aprendiendo y me ha servido para enfocar algunos textos, además de que los que he leído me han inspirado. Por ejemplo, dentro de ese mundo está el concepto de WAFF (Fluffy / Warm and Fuzzy Feeling) que es una historia romántica y que te deja una sensación dulce o bonita. Es mucho más específico que el “Romance” per sé porque va directamente en la sensación que quieres dejar en el lector (o que él o ella busca en una lectura cuando está en el sitio web).

Bendita Elegancia es una novela, está ambientada en las micros amarillas, es un romance adolescente, es un documento de memoria colectiva, tiene enfoque en relaciones humanas y el uso del lenguaje, de todo… y también tiene parte de WAFF, eso era intencionado. ¿Cómo se puede evaluar entonces una obra literaria? Para mí como escritor, lo que me interesa es que le llegue al lector y le impacte, sea en emociones y/o en ideas o pensamientos.

También, me gusta escribir de cosas que me parezcan importantes o trascendentes (aunque sean cotidianas), así que si mi obra tiene ese sello, me siento pagado y contento, muy en línea con el Dinosaurio Anacleto jajaja. Cada uno tiene su sello, si bien es bueno tomar ideas de otros artistas y referencias, creo que cada uno tiene que trabajar esas influencias de modo que nunca pierdas el sello personal tuyo. No sé si me explico aquí.

Como autor autopublicado, también tuve que ser mi editor. La mejor manera que tenía para probar los textos era mandárselo a algunos amigos (tanto amigos literarios como personas que no leen tanto) para evaluarlos. Bendita Elegancia se lo mandé a un amigo que creció en ambiente de micros, El último tren a mi amigo y colega Carlos Valdés, La Quimera a mi papá. De los poemas, como estaban en Facebook, ya tenía algo de retroalimentación. Es bueno tener segundas opiniones, así puedes hacer cambios o correcciones pensando en la experiencia de lectura.

Por ejemplo, La Quimera fue hecha de corrido (por lo que comenté del estado de flujo). Mi papá sugirió dividirla en 3 partes para que el lector tuviese una pausa obligatoria, sino se ahogaría entre tanta información. Así le inventé 3 partes y la sugerencia de que lo lean lento.

La sexta etapa es poner detalles.

En realidad, esta etapa en mi caso se encuentra en el #4 y #5, mientras escribo también voy corrigiendo cosas y mezclando detalles. Pero dado que acá estoy viendo cada proceso por separado, me parece importante comentar esto. Una cosa es un dibujo bien hecho, otra cosa es un dibujo hecho con detalles. A mí me gusta ir dejando detalles en lo que hago, es mero gusto personal, así que es parte del proceso de creación. Son las “terminaciones“. Una cosa es escribir, otra es darle el acabado final a la obra.

¿Se han fijado que a veces uno habla en público, todo termina y después te acuerdas de algo que no dijiste? Bueno, en las cosas que escribo eso también ocurre. Por eso, después de hacer varias lecturas hago correcciones menores. Cosas como sustituir palabras, aclarar modismos (o cambiarlos), ver las partes flojas, decir eso que faltó, etc. Una buena práctica es dejar un tiempo antes de volver a tomar el escrito, así lo analizas de manera más fría. En mi caso, a veces lo hago mientras escribo o después de unos días de terminado el escrito.

Lo otro es dejar detallitos. Por ejemplo, entre Bendita Elegancia y La Quimera hay un nexo con la película Kimi No Na Wa (Tu nombre). En La Quimera se deja como influencia explícita a Recuerdos del pasado de Vicente Pérez Rosales. Los detalles generalmente refieren a intertexualidad (referirse a otros textos), aunque en el caso de Corte de Cinta hay intertextualidad entre los mismos componentes del libro jajaja.

A veces pueden ser otras cosas, por ejemplo Wes Anderson mete siempre en sus películas escenas en primera persona con vehículos (le gustan parece jajaja). Mi sello es integrar cosas de la ciudad, sean elementos o eventos. En Deber Moral (donde cuento el inicio del Transantiago), me las arreglé para meter la exposición de Micrópolis sobre la Empresa de Transportes Colectivos del Estado en el metro. En El último tren quería mostrar la estación Grecia, antes de escribir el libro un día fui solo a tomar fotos de la estación para que la conocieran. Eso no es casual.

Los libros y también lo que contienen son obras de arte, hay que pulirlas y dejarlas “flor” como diría mi abuelo fenecido. Dentro de las correcciones se pueden ir poniendo los detalles (o los pones antes), la cosa es que se note cariño jajaja.

Comentario Final

Y eso… en la página 394 de Corte de Cinta hay un detalle sobre el proceso de escribir, quizás debí partir por ahí pero era más entretenido hacer toda la introducción y el detalle de los procesos para alcanzar a dimensionar qué implica este fragmento.

Y es que el escritor no es más que un viejo que se reúne en torno a una fogata y hace que desde el más chico al más grande se sienta parte de la misma atmósfera. Con un pequeño detalle, cuando escribe, tiene que guiar las emociones de la gente, las toma de la mano y las lleva por una montaña rusa de más o menos pendiente dependiendo de lo que quiera expresar.

Las conversaciones, los puentes que uno puede tender con el otro, vienen inevitablemente por temas en común, por inquietudes compartidas, por un “algo” que siendo diferentes, nos hace sentir similares, como hermanos. Al final, eso es ser humano. Cuando escribes, cuando hablas, cuando compones una canción, cuando filmas una película, cuando empleas un lenguaje… aparte de saber qué decir, tienes que hacerte cargo del otro, comprender quién es para hacerte entender de un modo efectivo. La tinta de las hojas solo tiene sentido cuando va como carta para un otro.

Fin, ¿fin? Eso lo decides tú. ¿Viste que le puse detalles a esto también? 

Back office: El proceso de escribir
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Un pensamiento en “Back office: El proceso de escribir

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