A riesgo de sonar pesado,
a riesgo de sonar pedante,
tomo mis resguardos
ante la tibieza reinante.

Es que si me quieres para un rato
y después te irás con otro chato,
mejor te digo para evitar un mal rato
que al tiro te busques a otro chato.

Si me vas a tener entre tus brazos,
pero no me amas y no me deseas de verdad,
si solo deseas estar conmigo un momento
y yo podría ser cualquier otro
sin importarte mucho,
entonces es mejor que ni me toques.

Sí, no me toques, como lo oyes,
porque yo no quiero amores tibios,
si no me vas a amar con profundidad,
si no me vas a besar con deseo,
si no me vas a mirar con amor,
si todo lo que ofreces es puro teatro
y soledad de madrugada,
entonces vete.

Vete, porque no quiero una mujer tibia,
quiero una que me queme,
no quiero una mujer olvidable,
quiero una que me queme,
que me ardan hasta los pensamientos,
que me arrulle con sentimientos.

En un sitio donde todo es pasajero,
no quiero que seas pasajera,
pero si ya entras con esa disposición,
si para ti solo es un momento fugaz,
es mejor que busques otra opción,
por aquí hay miles que pueden jugar
a que son simples pasajeros, yo no.

Pero, ¿qué gracia tiene?, digo yo;
¿qué gracia tiene?, ¿qué gracia tiene?
¿qué gracia tiene el estar desnudo
frente a quien le importa un rábano
saber quién eres, qué haces,
cuáles son tus sueños, tus miedos,
cuáles son tus gustos, tus culpas?

¿qué gracia tiene que te besen
pero como comodín, porque eres lo que hay,
el que está a la mano y dice que sí,
pero no están enamoradas de ti?

¿y qué pasión pueden derrochar esos besos?
si son solo eso, besos, no tienen
otro significado más que un placer
efímero que se consume
y de paso, al no ser amor,
también te consume.

Quiéreme, pero no con tibieza,
quiéreme, decidida, apostando,
porque entre un beso con amor
y un beso desabrido hay harta diferencia,
¿para qué contentarse con lo penca?

Tibieza

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