Capítulo 1 – Decisión

No sé qué pasará o qué camino vendrá con esta decisión, solo sé que está bien. Antes me hubiese dado miedo, pero no tengo el ánimo de retroceder. Si vas a hacer algo, es mejor que metas las patas directo al barro, dispuesto a ensuciarte, a embarrarte, pisando a fondo, haciéndote responsable de lo que implica, decidido.

Supongo que está bien, quiero creer que está bien. En mi cabeza, lo tengo claro. La vida es corta, tuve la oportunidad y bendición de conocer desde niño qué es lo que me mueve, qué trabajo me podría motivar para hacerlo cada día. Sé que lo que viene es incierto, pero, ¿qué certeza tiene la vida? Mañana pueden pasar tantas cosas, algún día no estaré, eso es lo único que sé.

Veo el futuro en blanco. No sé en qué trabajaré, no sé qué va a resultar de todo esto, no sé si resultará todo al tiro o será algo más lento, no sé nada. Alguien podría sentirse desnudo, podría sentirse temeroso -viste que nos dicen que seguir los sueños es algo loco-, pero yo solo siento que así siempre ha sido la vida: incierta. Damos cosas por sentadas pero eso es falso, no hay nada por sentado. En mi vida, por primera vez, estoy feliz de asumir eso, que la vida futura es un telón en blanco, es así y ya, sentirlo no me va a hacer retroceder.

Yo sé que lo he escrito antes, lo he dicho antes y probablemente lo seguiré diciendo de distintos modos a través del tiempo, pero… no quiero, no quiero que se apague esa llama interior que vive en mí, no quiero ser un bulto en el metro, no quiero ser un bulto en una cama, no quiero ser un bulto en un asiento de bus.

Y no quiero serlo porque lo fui, sé lo que es ser un bulto, sé lo que es dejar de sentir, sé lo que es dejar de reír, sé lo que es dejar de disfrutar, sé lo que es hacer por cumplir y cumplir y cumplir y cumplir, sé lo que es no dormir, sé lo que es pasarlo mal y ver que las cosas no resultan como quieres, sé lo que es mirar el techo con jaqueca escuchando cantar al zorzal a las 4 de la mañana y no saber si reír por lo lindo que canta o gritarle inútilmente para que se calle, sé lo que es sentirse un engranaje del sistema, sentir que eres una pieza más del rompecabezas y que si dejas de existir, la rueda seguirá, llegará otro a hacer tu labor y ya, porque para la sociedad eres solo un número de rut y un cliente de la super pulpería.

Sé lo que es estar encerrado entre cuatro paredes, no ver una salida, sentir que me asfixio, sentir que me ahogo, sentir que grito y no se escucha, sentir que estoy solo y nadie puede ir en mi auxilio, sé lo que es tragarse la pena, sé lo que es tragarse la rabia, sé lo que es tragarse la hipocresía, sé lo que es tragarse el insulto y sonreír, sé lo que es sentirse desorientado, sé lo que es sentirse perdido, sé lo que es sentirse decepcionado y ver que te fallan, pero tienes que pararte igual, pararte y seguir, aunque no haya energías.

Sé lo que es saber que tu cuerpo no responde, me pasó. Sé lo que es salir de la cama con ganas de vomitar, estar en la micro con calambres en las piernas, no poder despertar por los dolores de la fatiga, estar en clases como zombie porque así no retienes ni tu nombre, sé lo que es no saber lo que te pasa, no poder ponerle un maldito nombre a esa enfermedad, no saber cómo curarte, querer hacerte bolita y llorar. Sé lo que es no poder sentir rabia con el cuerpo, sentir compasión de ti mismo, verte tan frágil que buscas cómo no romperte más, cómo poder sobrevivir otro día más, cómo poder seguir disfrazando que ya no das más, que quieres que pare la rueda, que no te pidan más tareas, que no te pidan más notas, que no te pidan más tonteras que mañana no servirán más. La energía es tan poca, la vida es tan poca y como bulto la batería es corta. Sé lo que es saberse joven, pero que el cuerpo no da, simplemente no da, no da y ya, no te puedes pedir más.

Sé lo que es que te digan cobarde cuando sientes que lo eres, pero que antes no eras así y que no deberían decirte eso en ese momento, pero lo dicen igual, total uno ya anda muerto. Sé lo que es que te digan inútil cuando sientes que lo eres, pero que antes no eras así y no sabes volver a serlo. Sé lo que es perderse, sé lo que es mirarse a un espejo y no reconocerse, sé lo que es no recordar quién eres, sé lo que es no saber qué virtud tenías, sé lo que es no saber hasta qué punto sigues siendo algo y no estás muerto, sé lo que es llorar imaginariamente -porque como bulto no lloras- y no saber cómo te convertiste en un desierto, peor aún, tampoco sabes cómo podrán volver a salir flores ahí, temes que nunca volverán a salir. Sé lo que es no recordar lo que me gustaba, sé lo que es no recordar algún chiste que me hiciera gracia, sé lo que es sentirse vacío, en la nada, muerto en vida, sin saber cómo revivir, sin respuestas, vulnerable, hecho mierda, lo sé, lo sé, sé qué es eso.

Sé lo que es añorar una respuesta, tener una maldita llave para escapar de ese infierno, tener un maldito botón de reset para restaurar el sistema hasta dónde todo andaba más o menos bien, ni siquiera excelente, ya con poder sentir y reír con algo es mucho pedir. Sé lo que es sentir que cada día es una mierda, sé lo que es sentir que no hay salida pero que tienes que seguir, sé lo que es acostarse en ese desierto y llorar, llorar, llorar porque no recuerdas ni siquiera cómo se te salió de las manos, no sabes qué salió mal, no sabes por qué, por qué llegaste a esto, cómo no lo viste antes, cómo no lo paraste antes, cómo no lo viste, cómo no cachaste…

Sé lo que es apuntarse con el dedo por estar deprimido, sentirse culpable -viste que todos deben andar felices por la vida, no se permiten las malas caras-, pero después entender que en la vida las cosas son no más, son, es un verbo, verbo ser. A veces uno quiere que las cosas sean de una manera pero son de otra, son de otra y ya está. Los planes no siempre funcionan, no sirve ir de milico a ver que se cumpla toda la hoja de ruta, lo más probable es que no se cumpla, que no se realice, que cambie, que tu planificación se haga añicos, pedazos, trizas, y está bien que sea así.

Algunos se pegan un látigo a la espalda y lloran “por qué a mí”, yo no puedo jugarme en contra, no puedo, no me preguntaba eso, no me nace llorar por la leche derramada. Me preguntaba “cómo cresta salgo de aquí”, me decía “esto no es lo que quiero para mí”. Y aprendí, aprendí harto, entre esas cosas, aprendí algo que jamás se me va a olvidar en la vida: el verbo ser. No era una llave, pero era lo único cuerdo que pude reflexionar en ese laberinto, el camino sería larguísimo, fue larguísimo, pero tenía algo, tenía algo, una pista.

En la vida todo es efímero, todo se esfuma, todo se va, todos se van. Ya sabía lo que era desprenderme, ya me había tocado aprender a decir adiós, a asumir una despedida porque quienes conociste, esas personas que tanto quisiste, esas almas con las que jugabas y te sentías anodadado porque eran tan parecidas a ti que las veías como gemelas, esas mismas ahora eran otras personas, eran totalmente distintas, ya no era lo mismo. Y eso que fue tan doloroso, tan terrible en su momento, era la llave.

Todos los días, a cada momento, fuimos, somos y seremos. Al mismo instante cargamos con el pasado, pero eso ya fue, con lo bueno y lo malo, ya fue, murió, ya no eres eso. En ese momento, por supuesto, sentía que ya no era bacán, no era seguro de mí mismo, no era valiente, no era fuerte, no era grande, no era inteligente, sentía que no era todo eso que siempre creí que era y que me enorgullecía ser. Sentía que “el de antes” era otra persona, una mejor persona, un bacán.

Es fuerte sentir que de verdad te volviste una hoja, una hoja que el viento lleva para todos lados, una hoja que no tiene fuerza para decidir siquiera ser hoja u otra cosa. Es fuerte, fuerte porque yo siempre fui decidido, siempre fui inteligente, siempre fui seguro de mí mismo, pero ya no lo era, algo se había tragado mi ser y lo había devuelto hecho un bulto. Por supuesto, es horrible sentir eso, ya lo he descrito, pero es parte de la llave.

Hoy eres uno, mañana serás otro. Es así, la vida es así, puedes pelear cuánto quieras pero eso será así, punto. Y eso es hermoso. Si hoy me siento vacío, y ayer, y ante ayer, y la semana pasada, y el mes pasado… es efímero igual, ya llegará el momento en que saldré, llegará el momento en que me sentiré diferente, nada es eterno. Eso también aplica al revés, la felicidad no es eterna, el éxito no es eterno, lo bueno no es eterno. Pero la vida es así, de momentos, hay que disfrutarlos, los buenos, los malos, ver qué se saca de cada uno.

También sé que no me rendí, que salí de ahí, que no me arrepiento de haberlo vivido y lo viviría de nuevo porque eso me abrió los ojos, me hace ser quién soy, me da la fuerza para ir con todo, para escribir, para soñar, para sonreír, para entrevistar, para conocer, para amar, para valorar, para hacer locuras, para no despegar la vista de lo realmente importante, para detenerme y ayudar cuando veo que alguien va encaminado a ese abismo, para disfrutar de las cosas más ínfimas, de esos detalles que se dan por sentado. Porque de la mierda, saco flores, sí weón, de la mierda saco flores, del desierto salieron flores, de mi muerte salió vida y mucha.

Sé que no salí solo, sé que Dios estuvo conmigo, sé que tuve un par de amigos y amigas que me tendieron puentes y lianas, sé que fueron los que menos pensé, sé que la vida da sorpresas, sé que nunca pensé en cerrar el telón, podré haber vivido momentos de mierda pero la vida es la vida, es una y hay que vivirla. Sé lo que es recordar esa muerte interna, ser un bulto, estar vacío, intuirlo, saberlo, reconocerlo y saber que no sabes cómo resolverlo, todo eso paso a paso, decirlo y asumirlo.

Sentir pena, sentir que no sabes cómo salir, sé todo eso, lo sé, creo que les ha quedado claro, me alegro no tener que inventar una historia para contárselos o volver a revivirlo, toqué ese fondo, vi mi vida en blanco y negro, tenía recuerdos borrosos, pero aquí estoy, salí, salí y disfruté el proceso, disfruté la primera sonrisa, el primer chiste, el primer chocolate de premio por haber podido sentir, el primer bombón por haber tomado una decisión chica y sentir que ya no era tan hojita, no era tan bulto.

Y sé la razón de por qué me pasó eso, de eso se trata esto. Cuando me dicen que dibuje a mi monstruo interno, está ahí medio muerto, en realidad está muerto… pero lo tengo ahí para recordarme, recordar que salí de ahí, que gané algo que era una lucha perdida y la vida que quiero está en otra parte. Que 2 veces cumplí mis 90 minutos, pero quiero seguir dando la pelea. Mi desierto se volvió jardín…

Continuará…

Mi desierto se volvió jardín – Cap 1

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

A %d blogueros les gusta esto: